Hacia un cuerpo funcional: un abordaje novedoso a las alteraciones de la imagen corporal en los trastornos de la conducta alimentaria

Juanita Gempeler, Maritza Rodríguez, Camila Patiño, Adriana Rogelis, Carolina Erazo y Verónica Pérez

2 junio de 2016 - Producción cientifica - Evento científico

La insatisfacción y la distorsión de la imagen corporal en trastornos del comportamiento alimentario (TCA) han sido estudiadas e intervenidas con múltiples técnicas y enfoques, sin lograr cambios sostenibles aun en pacientes nutricionalmente recuperadas. Eshkevari, Rieger, Longo, Haggard y Treasure (2014) han señalado que los pacientes con TCA parecen tener una sensibilidad aumentada a la información visual acerca del cuerpo, mientras que la información somatosensorial estaría disminuida, lo cual facilitaría el hecho de que las distorsiones de la imagen corporal persistan aun en pacientes nutricionalmente recuperadas. Por su parte, Marco, Perpiñá y Botella (2013), frente a la ausencia de tratamientos enfocados en corregir las alteraciones de la imagen corporal, propusieron una intervención basada en tecnologías de realidad virtual, logrando una mejoría modesta que pudo mantenerse hasta el primer año, pero declaran la limitación de un tamaño de muestra muy pequeño y la necesidad de mayor tiempo de seguimiento.

Hildebrandt, Loeb, Troupe y Delinsky (2012) usaron terapia de exposición frente al espejo comparada con una terapia no directiva de imagen corporal en 33 pacientes de ambos sexos. Las diferencias en los tamaños del efecto reportados fueron moderadas en comparación con el grupo control al final del tratamiento y el seguimiento. Por su parte, Sala, Mirabel-Sarron, Pham-Scottez, Blanchet y Rouillon (2012) buscaron evaluar el impacto de la recuperación de peso en las alteraciones de la imagen corporal en 64 mujeres con anorexia. Observaron cambios en la insatisfacción y la distorsión pero no en la silueta ideal deseada, con lo cual el riesgo de recidiva seguía presente.

Bhatnagar, Wisniewski, Solomon y Heinberg (2013) usaron una intervención manualizada y grupal comparada con lista de espera. Los resultados no se sostuvieron en el tiempo. Ante este panorama de resultados en ocasiones desalentadores, parecería más apropiado entender el cuerpo, o la corporalidad en un sentido fenomenológico, como un concepto histórico e inestable que se hace y deshace a través de las experiencias del día a día y que por lo tanto puede ser construido a través de la experiencia.

La antropóloga Janelle Taylor (2005) plantea que esta construcción y deconstrucción del concepto de cuerpo se logra a través de prácticas que pueden ser sociales, materiales y representacionales. Alienta a los investigadores a poner en duda la rigidez de los conceptos que estudian y, para conseguir esto, motiva la exploración del momento etnográfico, o sea aquel en el cual la persona está en contacto con el fenómeno. Nos invita entonces a desestabilizar el concepto estudiado, buscando nutrirlo con la experiencia misma para luego estabilizarlo. Estos planteamientos coinciden con la esencia de la exposición, seguida de reestructuración cognoscitiva, que propone la terapia cognoscitivo conductual (Delinsky y Wilson, 2006; Nye y Cash, 2006; Shafran, Farrell, Lee y Fairburn, 2009; Shafran, Lee, Payne y Fairburn, 2007).

Es decir, que tanto desde un punto de vista antropológico como cognoscitivo comportamental, la idea no es conseguir una noción definitiva del cuerpo-corporalidad, sino entender que es algo en continua creación y movimiento.El cuerpo toma forma y tiene una forma a través de todo tipo de prácticas. Por ejemplo a través del acto de comer, el contacto diario con los objetos y las situaciones que nos rodean.

Farquhar (citado por Taylor, 2005) expresa esta idea de la siguiente manera: «el cuerpo es histórico y se construye, es vulnerable a la desorganización y necesita continuamente ser reinventado con la limpieza, la alimentación, el sueño, la práctica sexual y los sentimientos. Todos estos son momentos, son formas de unión de una actividad dialéctica a través de la cual los cuerpos se materializan» (p. 745).

Leer a Taylor (2005) y Lock y Farquhar (2007) es volver a lo cotidiano como una forma de integrar conceptos sobre las vivencias. Son planteamientos que a partir de la hipótesis más simple explican de manera satisfactoria el fenómeno. Es decir, resaltamos el concepto cuerpo como un constructo dinámico que cambia, y se modifica a través del tiempo, se nutre de la historia del cuerpo de otros y soporta la identidad del «sí mismo» a lo largo del tiempo (Rodríguez et al., 2007).

Otro elemento clave para comprender la función que cumple la exposición es la mirada del otro, que juega un papel muy importante en la generación y el mantenimiento de la imagen corporal. Aquí el concepto de «auto-objetivación» (self-objectification) es muy útil, en cuanto que permite profundizar sobre la manera en que actúan los criterios externos referentes al cuerpo como objeto para ser visto (Becker, Hill, Greif, Han y Stewart, 2013). Ellos plantean que las experiencias sociales repetidas facilitan la internalización de criterios externos (usualmente idealizados) que, al ser vividos como propios, se convierten en los criterios del juicio y de la validez del cuerpo que se posee.

Partiendo de esto, podríamos plantear que la experiencia podría ser utilizada para corregir la forma en que el cuerpo es mirado. Es esto lo que todos los hombres y mujeres hacemos constantemente: armar la representación de nuestros cuerpos con base en nuestra experiencia, la relación con los otros y la mirada del otro. Como dice Pandolfi (2007), la experiencia no es un texto aislado, y la identidad se define fundamentalmente a través de las relaciones. 

Desde este marco conceptual, y dada la necesidad de innovar y explorar otras formas de conceptualización y abordaje del problema de la imagen corporal distorsionada ----problema nuclear de los TCA----, el objetivo del presente estudio es plantear una alternativa de intervención enfocada en la experiencia con el cuerpo que se tiene, independientemente de la insatisfacción o la distorsión de la imagen corporal. Se propone una intervención que combina métodos cognoscitivos y comportamentales con el análisis etnográfico (exploración del momento, el sujeto en contacto con el fenómeno cuerpo) de la experiencia (Gempeler, 2003, 2004; Gempeler, Rodríguez, Mayor, Patiño y Rogelis, 2014).

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